I. Introducción
El presente artículo examina un intercambio reciente entre dos figuras del campo tradicionalista hispanohablante —Marcos Ghío y Guillermo Más Arellano— como estudio de caso de una tensión estructural que atraviesa la recepción de Julius Evola en lengua castellana desde hace décadas: el conflicto entre una lectura maximalista y doctrinariamente intransigente del tradicionalismo, y una praxis editorial e intelectual que opera dentro de los límites del mercado y la legalidad contemporánea.
Conviene precisar desde el inicio la estructura de voces del intercambio. Los dos únicos interlocutores directos son Marcos Ghio, autor de la acusación central, y Guillermo Mas Arellano, quien responde confirmando el relato de Ghio. Eduard Alcántara, en cambio, no interviene en ningún momento: es mencionado exclusivamente por Ghio, en tercera persona, como ejemplo de la actitud que este último impugna.
II. Antecedentes: la cuestión de la custodia doctrinal
La controversia contemporánea no puede comprenderse sin referencia a la disputa histórica por la "custodia" de la obra de Evola en español. Durante décadas, Marcos Ghio, a través del Centro de Estudios Evolianos en Argentina, ejerció un rol prácticamente monopólico como introductor y traductor de Evola al castellano. Sus traducciones, marcadas por un léxico denso y militante, respondían a una interpretación doctrinaria específica del autor, en la que el rigor conceptual se subordinaba a una fidelidad ideológica estricta.
La aparición de sellos editoriales más recientes, como EAS (Ediciones Bicentenario / Editorial EAS) en España, alteró ese equilibrio. Al ofrecer traducciones más fluidas y comercialmente viables, estas editoriales generaron una fricción inevitable entre quien se percibe a sí mismo como depositario histórico de la doctrina y quienes buscan dinamizar su circulación y ampliar su público. Cabe señalar, en este sentido, que el panorama anglosajón ofrece un contraste ilustrativo: sellos como Inner Traditions —con traducciones de Guido Stucco, E. E. Rehmus y Martin Schwartz— o Arktos abordaron obras como Revolt Against the Modern World, Ride the Tiger y The Hermetic Tradition con un estándar filológico considerablemente más depurado, permitiendo un acceso a la complejidad sintáctica de Evola sin la opacidad que arrastran algunas versiones pioneras en castellano.
III. La acusación de Ghio: puritanismo doctrinal frente al acomodamiento
El mensaje de Marcos Ghio articula una crítica de varios componentes que merece ser desagregada analíticamente.
Primero, la impugnación del relato de resistencia de Alcántara —tercero ausente del intercambio—. Ghio abre su intervención cuestionando de qué "combate" habla Alcántara, negando haberle escuchado jamás invocar la "rebelión contra el mundo moderno". Lejos de reconocerle una postura de resistencia, lo caracteriza como alguien que simplemente "trata de adaptarse al mundo moderno" para "que no lo metan preso" —es decir, alguien que declara ser antimoderno en el discurso mientras administra cuidadosamente su libertad y la viabilidad legal de su actividad editorial en la práctica.
Segundo, la analogía con el propio Guillermo Mas Arellano, a quien Ghio recuerda haberle pedido en el pasado un debate abierto de confrontación de ideas. Según el relato de Ghio, Arellano se negó, argumentando que hacerlo le impediría seguir publicando libros en esa editorial. Ghio equipara este episodio con la actitud de Alcántara: en ambos casos, sostiene, el resguardo de los intereses editoriales prevalece sobre el combate doctrinal frontal.
Tercero, el reproche de "burguesía tradicionalista", que Ghio extiende a ambos —Alcántara y Arellano— y, por extensión, al entorno editorial y académico en su conjunto ("son burgueses que quieren dárselas de tradicionalistas"). Resulta significativa su mención —irónica o directamente errónea en su transcripción— de la Fondazione Julius Evola, a la que se refiere como "Fundación Evola", en relación con los intentos de introducir a Evola en ámbitos universitarios. Para Ghio, dicha institucionalización académica no representa una legitimación sino una domesticación: el ingreso de la doctrina al establishment que, en principio, debería combatir. Cierra su intervención con una alusión sarcástica a haber "visto el sistema", presentando el caso de Arellano como cumplimiento de una imposición externa disfrazada de coherencia doctrinal.
IV. La respuesta de Guillermo Más Arellano: deslinde ético y confirmación pragmática
La respuesta de Guillermo Mas Arellano se articula en dos momentos claramente diferenciados.
En el primero, marca un límite ético-comercial elemental: se niega a hablar mal de su propio editor, pero aclara que Alcántara sí estaba invitado a hablar de Evola. Esta distinción es significativa, porque separa dos planos que Ghio tiende a fusionar en su acusación: por un lado, el resguardo profesional frente a quien lo publica —una postura defendible en términos de lealtad comercial elemental—; por otro, la apertura de un espacio legítimo para el debate doctrinario sobre Evola, que Arellano no clausura en absoluto.
En el segundo momento, sin embargo, Arellano abandona cualquier estrategia defensiva y confirma sin reservas el relato de Ghio sobre el episodio del debate rechazado: admite que "no miente" y que la conversación ocurrió tal como este la relató. Más aún, acepta la caracterización con una fórmula que raya en la autoironía —"supongo que es un argumento burgués en toda regla"— y cierra la discusión con "así que no puedo decir más", frase que funciona como reconocimiento explícito de los límites que su posición institucional le impone.
Esta secuencia es notable por su honestidad intelectual: en lugar de una defensa apologética integral, Arellano matiza lo que considera injusto en la acusación de Ghio (la mezcla de dos situaciones distintas) pero no rehúye lo que reconoce como cierto, sin pretender revestir sus propias concesiones comerciales de un radicalismo que su praxis efectiva no sostiene.
V. Análisis: dos lógicas irreconciliables
El intercambio en su conjunto expone una brecha estructural entre dos lógicas de relación con la doctrina tradicionalista:
La lógica intransigente-maximalista (Ghio), que concibe el tradicionalismo como combate frontal e innegociable con la modernidad, y que interpreta cualquier concesión legal, comercial o institucional —la de Alcántara, referida en tercera persona, y la del propio Arellano— como una forma de traición doctrinal.
La lógica pragmático-institucional (Arellano, y por extensión Alcántara tal como es descrito), que asume la necesidad de operar dentro de las reglas de juego del mercado editorial y del marco legal vigente, distinguiendo entre lealtad comercial y apertura doctrinal, sin por ello renunciar —al menos en su propia percepción— a una identificación sustantiva con el pensamiento evoliano.
Esta tensión no es incidental ni exclusiva del caso hispanohablante: reproduce, en el plano de la recepción, la aporía que el propio Evola exploró en Cavalcare la tigre [Ride the Tiger] respecto de la posición del hombre diferenciado frente a un mundo en disolución —la pregunta de si es posible sostener una postura de "apoliteia" interior mientras se participa, necesariamente, de las estructuras del mundo moderno para poder actuar en él, incluida la actividad editorial misma.
VI. Conclusión
El episodio analizado ilustra, en miniatura, un problema de fondo en la historia de la recepción de Evola en español: la imposibilidad de separar completamente la cuestión doctrinal de la cuestión institucional. La acusación de "burguesía tradicionalista" que Ghio dirige contra Alcántara y Arellano no es refutada de plano por este último, sino matizada en un punto (la distinción entre lealtad editorial y apertura al debate) y confirmada en otro (la negativa a un debate abierto por razones comerciales). Esta confirmación parcial no equivale a una derrota doctrinal, sino a la asunción consciente de que toda transmisión de un pensamiento radical en el presente exige necesariamente algún grado de mediación con las estructuras que dicho pensamiento pretende, en el plano teórico, rechazar.
Nota metodológica: el presente análisis se basa en conversación del autor con Guillermo Mas Arellano, declaraciones de Marcos Ghío, cuya veracidad no ha sido verificada de forma independiente más allá de lo declarado por los propios interlocutores.


